martes, abril 11, 2006

Me sumergí en el tema del dolor y la muerte. Compré un VCD de La Pasión de Cristo, y escuchando metal surtido pero de las mejores cosechas en versiones ochenteras (2 CD) para así ambientar el espíritu con la música más solemne y grave de todos los tiempos. En esa onda, me puse a navegar por los eternos sitios de Internet, pasando, por las noticias de periódicos locales, el google earth, los chats aburridos y el imponderable purextc, siempre en busca de saber qué se ha pensado del dolor y qué pasa al morir. Luego de una breve investigación, que fue interrumpida por otras preocupaciones motivadas por el cumpleaños de mi patria y luego de escribir varias parrafadas sueltas, llegue al momento donde Yahvé se entera de que el ser humano ha aprendido a razonar, se enfurece, primero con la serpiente, condenándola a que “Te arrastrarás sobre tu vientre” y seguidamente con la mujer, a quien le inflige como castigo el dolor físico en su más cruda esencia: “Te multiplicaré las penurias del embarazo y parirás tus hijos con dolor.” (Gn. 3-16) O sea, el más influyente libro de Occidente, plantea de un comienzo que el dolor es un castigo divino, noción que lleva a considerar enaltecedor padecer malestar físico, base metafísica de prácticas religiosas en las cuales el creyente se auto infiere silicios, azotaínas y trotes de rodillas. Distinto es el caso del enfermo terminal, que se retuerce de dolor.
ANGEL CAIDO